Donald Trump ya tiene su propia red social

Donald Trump se lanza al ruedo mediático y va a alumbrar una nueva red social, con la financiación de grandes donantes de partido republicano. Las conversaciones están ya muy avanzadas con FreeSpace, una aplicación que utilizan entrenadores y coaches para crear sus propias comunidades

Ante el bloqueo al que le han sometido un buen número de redes sociales – Facebook, Twitter, Instagram y YouTube – después de que las utilizase para organizar el asalto al Capitolio de Washington, Trump ha decidido crear su propia red social.

La financiación proviene de grandes donantes del Partido Republicano, que durante la legislatura que el magnate de ladrillo detentó el poder lograron pingües beneficios, como rebaja en impuestos y menor tributación a las rentas del capital.

Seguir en el candelero

Lo que pretende Donald Trump, a cualquier precio es seguir en el candelero, con la vista puesta, si la justicia norteamericana no lo inhabilita en alguno de los muchos procesos judiciales que tiene abiertos, en las elecciones del 2024.

Hasta ahora Trump se despachaba a gusto en redes sociales minoritarias y ligadas a la ultraderecha y derecha alternativa norteamericanas, caso de Parler o Gab.

Las redes sociales citadas han sabido «pesar en río revuelto», ya que las normas de uso en cuanto a libelos, difamación y discurso de odio son muchos más laxas que las «grandes» como Twitter, Facebook o Instagram.

Pero las intenciones de Trump ya habían sido reveladas por un asesor muy próximo al expresidente, que anunció en la cadena Fox que el último inquilino del 1600 de la Avenida Pensilvania tenía intención, en dos o tres meses, de volver con su propia red social.

Start Ups

Trump cuenta con el hándicap de que si crea su propia red social va a tener que competir con gigantes de la comunicación, como son Facebook, Twitter, YouTube, por solo citar a las más grandes.

A pesar de ello Trump parece haberse aliado con una serie de start – ups que podrían crearle y gestionarle su nueva red social, que no diferiría mucho de la operativa de Facebook y Twitter, aunque sí en sus dimensiones, al menos las iniciales.

Una vez que la red social esté «en el aire», la labor de Trump sería llenarla de contenido y de usuarios; esto último, por el tirón mediático del constructor no sería muy difícil, ya que en su cuenta de Twitter, @realDonaldTrump tenía millones de seguidores.

FreeSpace, uno de los candidatos

Se trata de una aplicación que tiene solo nos meses, ya que se lanzó el 1 de febrero, y solo cuenta con 20.000 descargas, teniendo detrás a la empresa emergente Skylab Apps.

Se trata de una plataforma diseñada para que entrenadores personales y coaches motivacionales puedan crear su propia comunidad, de manera que puedan contactar con sus clientes de una manera mucho más personalizada.

Sin embargo, y al menos de cara a la galería, y en su declaración de intenciones, FreeSpace hace propósito de servir para la positividad, incentivando, resaltando y recompensando los buenos hábitos.

Dicho decálogo casa mal con la trayectoria empresarial y política de Donald Trump, un sujeto que ha hecho de la zafiedad, el «juego sucio» y el ventajismo, su marca personal.

Sin embargo, tal como refieren los asesores de Trump, además de que todavía no hay nada «cerrado» con FreeSpace, se buscan otras alternativas para la construcción de la red social que busca Donald Trump.

Trump invita, pagan otros

En cuanto a la estrategia financiera de la red social de Trump, el rotativo New York Times ha informado que la financiación vendría de los grandes donantes del Partido Republicano, que han sido los grandes beneficiados de los cuatro años que Trump ha «reinado» en la Casa Blanca.

De ese modo, Trump pretende conseguir entre 15 y 20 millones de dólares en dos años de cada donante para poder poner en marcha su red social «a lo grande» y poder hacer sombra a Facebook y / o Twitter, o al menos intentarlo.

En ese sentido, en cuanto al de la financiación nos referimos, imprime el marchamo Trump, esto es, crear proyectos con su marca Trump pero que son financiados por terceros, que nunca aparecen en la foto.

Una de las ambiciones de Trump con su red social es servir de «semillero» para reclutar futuros candidatos políticos y poder malearlos a su gusto de manera que impriman a su hacer político el sello Trump.

Problemas

Se agolpan a decenas, y todo ello por el peculiar estilo de Donald Trump, que se ha dado su pláceme a redes sociales como Parler y Gab, foros donde la extrema derecha campa por sus respetos.

Dichas redes sociales, que se «venden» como adalides de la libertad de expresión, con un tratamiento benigno de las posiciones extremas y de los discursos del odio, se han convertido en un reservorio de un discurso unidireccional supremacista, xenófobo, conspiparanoicas y antifeministas.

Eso iría en contra de lo que pretenden los asesores de Trump, ya que crear guetos impide lo que realmente quieren los voceros de la extrema derecha, que es infiltrarse en entornos donde haya diversidad de opiniones para acabar «infectando» el debate.

El consorcio culpable

Ha sido el propio Congreso el que ha recriminado a Facebook, Twitter, Google y YouTube el haber creado las condiciones donde un Donald Trump desbocado acabó lanzando a las masas enfervorecidas al asalto del Capitolio.

Sin embargo, las redes sociales se defienden, y así lo ha hecho el propio Mark Zuckerberg, que considera que Facebook no fue parte del problema, sino de la solución cuando optó por bloquear la cuenta de Donald Trump y evitar así más desmanes.

Y algo parecido hicieron el resto de las redes sociales, en una decisión que marca un antes y un después de estas con el poder político, en una decisión sin precedentes.

El retorno de Donald Trump al social media también ha abierto un interesante debate, también en internet, de hasta que punto las redes sociales se deben inmiscuir en política y censurar contenidos.

Fuente – el diario

Imagen – Anthony Quintano / Fibonacci Blue / University of Essex / FREESPACE / Michael Vandon / PARLER /

Publicado por Gonzalo Sánchez del Pozo

Sobre todo apasionado: de las letras, de los paisajes, de los lugares insondables, de las historias, de los personajes, de las situaciones, de los mares, de las montañas. Nómada, como cantaba Franco Batiatto, "que busca los ángulos de la tranquilidad, en las nieblas del norte, en los tumultos civilizados, entre los claros oscuros y la monotonía de los días que pasan".

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